Ójala que todos los días pudiera acabar la tarde con esta sensación de traquilidad y tristeza suave de tarde de invierno.
No es fácil sentir bien la tristeza dentro de uno, pero es posible y aprender a acunarla es una de las buenas cosas que he aprendido en la vida.
Espero que mañana tenga que acunar la alegría, o las sonrisas tiernas de mirar a mis hijos-as o a mi mujer, despacio, muy despacio.
Un saludo y hasta mañana.
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